La Caridad Comienza en Casa
Quinn cerró la pesada puerta tras de sí y giró la llave en la cerradura.
Sus manos estaban encajadas en gruesos guantes, pero él hacía rato que
no sentía sus dedos. ¿Quizás el debería haber invertido este año en un
nuevo abrigo? Camille le había estado diciendo durante años que el
abrigo iba a acabar cayéndose a pedazos, pero él no le había hecho caso.
Los últimos años, el invierno había sido suave, uno de los beneficios
del calentamiento global, siempre bromeaba, pero este año, el invierno
llegó temprano y probablemente se mantendría del mismo modo durante dos
años más. Quinn no podía esperar hasta la primavera. O al menos, hasta
las rebajas de invierno.
Temperaturas bajo cero también significaba casa completa. No es que
hubiera alguna cama libre cuando era verano, pero Quinn odiaba negarle
algo a las personas, especialmente a partir de ese mismo año, por alguna
razón, vio a muchos papás solos con niños pequeños. Aunque él había
crecido en diferentes hogares y ahora trabajaba en uno, la peor parte
del día era cuando tenía que cerrar la puerta en la noche y decirle a la
gente todavía guardando cola donde quedaban las otras casas refugio, a
las cuales probablemente cuando llegaran ya sería demasiado tarde para
encontrar sitio. Conocía muy bien lo que era dormir en la calle cuando
la nieve estaba cayendo.
GRACIAS A BLUE SENSATION




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